documenta X - home 21 de junio - 28 de septiembre de 1997
Geeta Kapur
Historiadora, crítica de arte, curadora de Nueva Dehli, India.
Conferencista en »100 Días - 100 Huéspedes« el día 30 de julio
Al leer los textos de Catherine David, ya me dió la impresión de una cierta resistencia por parte de ella frente al arte de regiones no-europeas. Con expresiones como »no me interesa el »shopping cultural« o »no celebraré una fiesta étnica« se refería al tema, añadiendo que obras de otras culturas aparecen en Europa como exóticas, incluso como neocoloniales, sino es que están contextualizadas. Yo no estaba segura al principio si se trataba de una posición defensiva o si realmente era ésa su idea. Después de algunas conversaciones con Catherine David pienso que es una preocupación más general y respeto ahora más su posición.

Como historiadora o crítica de arte, una fuerte inclinación que la caracteriza, es la de contextualizar históricamente. No desea mostrar ningún objeto de arte, incluso occidental, sin asegurarse de que su historicidad sea accesible al espectador. La obra tiene que estar suficientemente contextualizada, ya sea por medio de información adicional o por otras obras que la acompañan. En principio tengo gran simpatía por esta posición curatorial.

Otra de sus preocupaciones es cómo evitar la reificación (comodificación, transformación en mercancía, n. de T.), fenómeno propio del mercado de arte occidental. A este respecto considero, y se lo he comentado, que la reificación del objeto de arte no es la única forma en la que este fenómeno se lleva a cabo. De hecho, todo lo que está presente en una exposición como la documenta está ya de alguna manera reificado. Es más, la documenta en sí es uno de los eventos más reificados de Europa, del mundo si se quiere (tiene patrocinadores privados, se halla por doquier como imágen publicitaria, etc). No hay forma de distanciarse de ello, pero sí se puede tratar de que no se convierta en cita obligada de mercaderes de arte. Y aquí pienso que Catherine David ha sido exitosa.

Con respecto al programa de »100 Días - 100 Invitados« me pregunto, si el intercambio a través del discurso intelectual no implica una simplificación, cuestionamiento que lancé también en Kassel. Por supuesto que es algo muy útil: la gente utiliza un mismo código, lo que permite reunir a cien personas de todo el mundo y que el público, que asiste a las conferencias, pueda darle un sentido. Pero hasta el discurso intelectual opera con un cierto grado de comodificación. Y en este caso es un paquete más fácil y manejable presentar en Kassel a Geeta Kapur, Gayatri Spivak o a Edward Saïd. Lo que veo como un problema es que se esté encapsulando culturas completas, excluyendo su discurso artístico, incluyendo sólo el intelectual. Es como que se sustituyera un artículo difícil, caro y complicado de transportar e instalar, por otro más práctico y accesible.

Pienso que la idea subyacente es que el discurso intelectual de los invitados de Catherine David presenta ya en sí un carácter historizante. Al contrario de un objeto que puede fácilmente aparecer en la muestra como exótico, los conferencistas cuestionarán temas candentes, criticarán la documenta o su concepto, o la situación euroamericana, vale decir que la contextualización necesaria aparece implícita en su propio discurso.

Catherine David ha declarado reiteradas veces, que en el arte de muchas de las culturas no occidentales, no se encuentra lo que entendemos como arte de vanguardia, si bien hay modernismos locales, y que este dinamismo halla su expresión en otras manifestaciones, ya sea en el cine, la literatura, la música, las tradiciones orales, etc.

Hay casos en los que esto es cierto, como cuando dice que en Irán, la forma artística más avanzada es el cine. Allí coincidimos. Pero no podría decir lo mismo de la India, de Corea o las Filipinas, porque sé que las artes visuales juegan allí un papel decisivo en el complejo cultural. Tampoco se aplica a Singapur o Tailandia, ni hablar de Sudáfrica, que tiene una escenas de arte muy vital, de donde ella eligió a Kentridge. Y un país como Cuba tiene una de las escenas de arte más avanzadas de todo América Latina, no sólo con respecto a la producción artística sino por haber tomado la iniciativa de perfilarse como el punto de convergencia de la vanguardia latinoamericana. Por ello pienso que Catherine David saca sus conclusiones del conocimiento de unas pocas culturas y que no las debiera generalizar.

Hay otro punto con el que tengo mis problemas. Si bien su intención como curadora es la de abrir el discurso crítico, no deja de proteger la naturaleza de la obra de arte como se ha desarrollado en la tradición occidental. David se siente más segura en los terrenos artísticos en los que una intervención por parte de ella no es requerida. Tiene un gran interés en el cine, pero no es propiamente dicho una curadora de cine. Tampoco literatura, música o teatro son su especialidad, por lo tanto no tiene que responsabilizarse por ellos. Y cuando declara que en éstas áreas se manifiesta el mayor dinamismo artístico, no es algo que tenga que comprobar.

Se concentra en defender un campo en el que sabe concretamente qué es lo que quiere mostrar. Tiene un concepto muy claro y estricto en relación al punto clave del modernismo a partir del cual se desarrolló la vanguardia. Partiendo de la vanguardia histórica, la acota en lo que entiende como »vanguardia crítica«, que es una intervención crítica en la misma vanguardia. Conoce muy bien la manera en que el arte ha cuestionado y dislocado la vida y la sociedad urbanas y la historia contemporánea, posiciones muy difundidas en Europa y EE.UU. y en cierta medida en América Latina. Esto es lo que más conoce y lo que más la convence. Y al resto lo ve literalmente como resto.

En relación a su afirmación de que en otras partes haya otra dinámica, le he dicho que se refiere a ello como que fuera una dinámica abstracta. Es en definitiva, como cortar camino, eludir el problema sin que se lleve a cabo un análisis de estas culturas. Una de las razones de esta apreciación, se debe a que en las otras manifestaciones artísticas el eje entre las formas tradicionales y las urbanas, populares, es más fácilmente trazable. Esto es lo que con mayor frecuencia interesa a los críticos y curadores occidentales.

Para finalizar debo decir sin embargo que, aún viniendo de la India, me interesa cada vez menos exigir a los curadores europeos la inclusión de artistas de Asia. Hoy en día se observan desarrollos regionales y esto es bueno. No es que prefiera los regionalismos, me refiero a las exposiciones y discursos paralelos. No me parece necesario que todo venga a Europa o a América. Si esto sucede, enhorabuena, porque implica un mayor equilibrio en el intercambio, una nueva forma de internacionalismo. Pero uno sabe en el interín que habrá muestras importantes en Kwangju, Queensland o Johannesburgo. São Paulo ha hecho siempre su aporte.

Realmente no me preocupa de que en esta documenta X no estén representados más artistas de Africa o Asia. Por supuesto que hubiera implicado un entendimiento más amplio del arte actual. Si el interés de Catherine David son las vanguardias históricas, podría haberse preguntado cuáles son éstas en otras partes del mundo. Pero si sólo se refiere a la vanguardia euroamericana con algún discurso suplementario, se reduce finalmente a un sólo punto de vista. Y ella y los demás curadores deberán molestarse hacia otros lugares para averiguar qué es lo que allí sucede.

Si Catherine David afirma que presenta un panorama de la cultura contemporánea, esto no concuerda con lo que puede verse en la exposición. Pero si dice que está interesada en la deconstrucción de las prácticas culturales a través de procesos de aculturación cada vez más veloces y destructivos, entonces creo que ha hecho un aporte decisivo. Ha presentado una fenomenología de la cultura urbana en el contexto euroamericano, concentrada, si uno observa detenidamente la selección de obras, en especímenes negativos, especímenes de guerra, muerte y destrucción, de abuso y marginalización en las culturas occidentales.

Hay definitivamente un punto de vista en donde ella traza una línea crítica. Pero los objetos que reconoce a partir de allí, son producto de la vanguardia occidental. No parece reconocer otros objetos y cuando lo hace, tiene miedo de que sean exóticos. Como curadora europea, presenta una selección muy exclusiva. Esta se basa en criterios surgidos del modernismo occidental, y aún cuanto más radical y extremo sea su alcance, el modus en el que se mueve sigue siendo de exclusión y no de inclusión.

De una entrevista con Universes in Universe el 2 de agosto de 1997
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